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Zearreta, durante una de sus didácticas clases en la Escuela Agraria para aficionados.

La exitosa Escuela Agraria de Lur 2000 comienza un nuevo curso en su amplio establecimiento de Lemoa. Todas las personas aficionadas a la huerta y al jardín podrán resolver sus dudas y aprender cómo sacar un mayor partido a su terreno. Para asistir, es preciso reservar plaza previamente en el teléfono 946 31 40 32 ya que el aforo es limitado.

Cosechar los propios alimentos es una experiencia enriquecedora, sana y que llena de satisfacción a todas aquellas personas que la prueban. No hay más que hablar con las y los afortunados que pueden disfrutar de su propio terreno o de una parcela en un huerto urbano. Pero esta vivencia también acarrea dudas sobre los mejores métodos para asegurar la mayor calidad y salud para los productos que se van a degustar. Para traer luz a esta actividad, se ha formado la Escuela Agraria de Lur 2000.

¿Cuánto tiempo necesitan las lechugas para su recogida y consumo? ¿Cómo se hace un semillero? ¿Se pueden producir tomates en el balcón? ¿De qué forma se elimina el musgo del césped? Preguntas como estas son planteadas a diario a Ramón Zearreta en su establecimiento de Lemoa. “A lo largo de todos estos años de experiencia, he comprobado que el interés por esta actividad es cada vez mayor en la población. La gente quiere introducirse en este mundo, pero necesitan información técnica y profesional”, comenta el ingeniero agrícola zornotzarra.

Para asistir, es preciso reservar plaza en el teléfono 946 31 40 32

Con este fin, el responsable de huertos lúdicos como los de Iurreta y Berriz, puso en marcha su Escuela Agraria para aficionados en las instalaciones de Lur 2000. Empezó sus primeros cursos el año 2019 y se continuaron celebrando un sábado al mes, hasta la llegada de la pandemia.

En cada sesión se trata un tema específico de esas fechas (qué plantar, qué tipo de plagas y enfermedades pueden darse, qué medidas tomar), aunque quienes asisten pueden plantear cualquier tipo de cuestiones sobre huerta, jardín o animales de granja.

La iniciativa es fácilmente trasladable a otra localidad o espacio, “colegios, residencias, asociaciones o colectivos”

“Las primeras clases comenzaron con unas 20 personas —gracias a una invitación que reciben en el mostrador— y hemos llegado a las 35. La gente va cogiendo confianza y la asistencia es constante, ya que reciben una asistencia profesional a sus problemas”, explica Zearreta. “Siempre les digo que soy una especie de ‘farmacéutico agrícola con una clínica vegetal’ ya que doy la respuesta en función de los síntomas que señalan”, añade.

Grupo de WhatsApp

Como servicio añadido, y muy utilizado, se ha creado un grupo de WhatsApp exclusivo para el “alumnado”, con la intención de mantener un contacto más directo. “Nos enviamos imágenes sobre posibles problemas que pueden sufrir las plantas o el estado de los vegetales plantados; ampliamos la información de los cursos; resolvemos más cuestiones… La gente quiere continuidad a la cita mensual”.

Los cursos son disfrutados por todo tipo de personas: jubilados, profesorado de colegios, gente que tiene un pequeño terreno… Pero para Zearreta sería importante “que también conociesen esta experiencia los responsables políticos que son quienes toman las decisiones municipales. Así comprobarían la demanda que hay en la población sobre este tema”.

Una experiencia que es fácilmente trasladable a cualquier localidad o espacio, “colegios, residencias de ancianos, asociaciones o colectivos. Y donde se puede adaptar el curso a distintos niveles de conocimiento, con un tono didáctico y ameno”, concluye.